Una tarde

La desesperación es la pérdida total de la esperanza.

Mira a los niños jugando afuera, siente el viento entrar por la ventana y los rayos de media tarde iluminan su pared lisa y vacía de adornos. Se toma un paseo, saluda a los vecinos y escucha cantar a los pájaros, vuelve a su casa, se sirve un té, se baña y se sienta frente a la tele, sin prenderla.

No recuerda por dónde caminó o cuánto tiempo estuvo afuera. No se sabe el nombre de ninguno de sus vecinos, menos sus caras.

El paseo le trae exactamente el mismo estímulo que sus paredes lisas. Su cuerpo ya olvidó cómo estremecerse, su mente cómo asombrarse, y él apenas recuerda su propio nombre. Trata de pensar, pero se escucha a sí mismo hablar en un lenguaje que no entiende, abre un diccionario y encuentra esa palabra: desesperación.

La definición no lo convence, no del todo; su versión es más completa y precisa:

"La desesperación es salir de casa y aún así quedarte adentro. Es olvidar las caras de todos a quiénes supuestamente has conocido, ver cada casa, negocio, calle y barrio repetirse sin fin; es el deseo que no encuentras en ningún lado.

La desesperación es la aniquilación de quién alguna vez llevó tu nombre. Pero ya no hay nada que hacer. Nada que decir.”